Rubens Henríquez

Camino Largo, 31.

En el número 31 del Camino Largo se mantiene casi intacto uno de los hitos de la arquitectura contemporánea en Canarias, las cuatro casas de veraneo del arquitecto Rubens Henríquez. El conjunto de obras realizadas por él han sido calificadas como modélicas tanto nacional como internacionalmente, destacando construcciones como la Piscina Deportiva de Santa Cruz, estas Cuatro Viviendas del Camino Largo de La Laguna, las Viviendas Escalonadas de Ifara, el Centro de Educación Especial ‘Hermano Pedro’ y su edificio en la calle Puerta Canseco de Santa Cruz, entre muchas más.

Estas casas de veraneo fueron construidas en 1963 como residencias de recreo en los meses de descanso para el arquitecto y tres amigos de Santa Cruz. De aspecto industrial, las construcciones se elevan sobre pilares de hormigón en un terreno que ocupa el centro de la antigua laguna que dio nombre a la ciudad. Las cuatro casas son idénticas, tienen un comedor-estar, cuatro dormitorios, una cocina pequeña y dos baño. La del Camino Largo número 31, mantiene su interior intacto, tal y como lo diseñó Henríquez. El conjunto arquitectónico está inspirado en los preceptos de edificación familiar del arquitecto Le Corbusier, como una auténtica ‘máquina de vivir’, con una funcionalidad destinada al ‘vivir’ con un ámplio espacio comunitario debajo de la vivienda donde aparcar el vehículo y, en la parte trasera, otro espacio de jardín aislado por un muro de piedra natural.

Estas casas prestan atención a la relación con el entorno y a los problemas de la unión entre medioambiente, urbanismo y paisaje con una una arquitectura en la que predomina predomina el hormigón en la estructura y en las fachadas con un funcionalismo propio de la arquitectura racionalista, con superficies lisas, pulidas y sin ornamento que le da el aspecto visual de ligereza.

Este tipo de arquitectura fue posible gracias al empleo de las nuevas técnicas y elementos constructivos, como el hormigón armado, que permitía la creación de amplios espacios interiores muy característicos de los edificios del Estilo
Internacional. El prototipo de este estilo es una arquitectura organizada en cajas de acero y vidrio, con pocos materiales –hormigón, panel prefabricado, madera, vidrio- y una estructura funcional basada en la geometría pura. A las casas se asciende por escaleras dispuestas con precisión: en un extremo, una que es curva porque es la principal y en el centro otra más de servicio, casi secreta. La distribución interior es sencilla y eficaz. Las habitaciones de estar y dormir dan a una orientación adecuada para el clima del entorno y las de servicio a la contraria. La construcción modulada, los hormigones y las persianas de madera de tea completan la construcción que es ahora representación de una reunión
necesaria entre artistas, comisarios/as y agentes institucionales.

En la actualidad, la casa pertenece a Olga Pérez que, generosamente, cede esta vivienda para la celebración de Coincidencias abiertas.